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Más famoso que…
Marzo 17, 2008, 11:25 pm
Archivado en: Actualidad, Música, Opinión, sobredosis

El bueno, el malo y el feo, Cinema Paradiso, Lolita, Átame, La Misión, Bugsy, Maléna, Los intocables, etc., etc… En realidad la lista de películas es impresionante ¡En más de 100 a trabajado!, siendo solo una parte de su labor y, sin embargo, no es actor; quien, hoy por hoy, moviliza a la prensa, al capital y a miles de fanáticos, sin ser una estrella del Pop; no es un líder religioso pero práctica en iglesias…

Seguramente, ya saben que estoy hablando de la figura del momento: Ennio Morricone.

Este compositor italiano de 79 años a captado la atención de miles de personas, su visita y conciertos ciertamente han dado de que hablar y aun no se ha tocado ninguna nota. Pese a que el solo ha dedicado algunas palabras a la prensa, su presencia no ha estado exenta de polémica.

El comienzo de esta peculiar historia tuvo como escenario nada menos que el ciberespacio. El día 15 del presente mes, fue el elegido por los señores de Celfin capital para distribuir las 5.000 entradas para el concierto gratuito que ofrecería el romano. Estaban destinadas al público general, ya que otras 5.000 las reservaron para sus clientes. Como algunos amigos, espere hasta la medianoche para conseguir la mía, pero para mi sorpresa, fue imposible siquiera acceder a la página, ya que estaba colapsada.

El ambiente estaba lleno de suspicaces elucubraciones. Se decía que fue todo un “tongo” y que realmente nunca estuvieron a disposición de la gente las entradas, porque los caballeros de Celfin no querían correr el riesgo de mezclar a sus ilustres clientes con gente menos ilustre; un amigo me sugirió que el problema fue mi sistema operativo (GNU/Linux) el cual tenía un navegador incompatible con la página y, recalco, era el último lugar donde compatibilizarían su sitio para el acceso de sistemas que representan el neomarxismo (acusación por cierto infundada y maliciosa de Pereira)… Rumores, que a la postre, fueron desmentidos por completo. El problema fue que más de 10.000 personas trataron de conseguir una entrada tal como yo lo hice…y no fui de los afortunados.

Algo resignado y ventilando mi imaginación llena de ideas sobre conspiraciones, buscando culpables de mi desgracia, recibí la esperanzadora noticia: habría un segundo concierto y las entradas serían entregadas en el Centro Cultural Estación Mapocho, donde el colapso del ciberespacio no seria una barrera. Además, junto con dos de mis buenos amigos, Pereira y Felipe, decidimos madrugar para conseguir una entrada.

Nos sentíamos confiados e incluso bromeábamos sobre la posibilidad de que fuéramos los únicos idiotas 1 hora y 30 minutos antes del comienzo de la entrega. Aunque no fuimos los únicos, si demostramos ser unos idiotas o al menos demasiado confiados. Según creo, más de 10.000 personas formaban una de las más grandes filas que he visto, al menos la más larga para conseguir entradas a un concierto. Así que yo sinceramente enojado y todos impresionados por la cantidad de “idiotas” que también pensaron en llegar antes, nos resignamos definitivamente a volver a dormir, que fue lo que debimos quedarnos haciendo. Pero no a todos nos abatió el escenario, a Pereira no.

Decidido a intentarlo, al menos hasta alcanzar la certeza de que fue imposible, se bajo del auto y se unió a las miles de almas que esperaban conseguir un ticket.

Adelantando un poco la historia, tengo que decir que ni siquiera se acerco a la ventanilla donde repartían las entradas, pero ciertamente no se fue con las manos vacías. Cuando se acabaron las invitaciones, la gente comenzó a alterarse, la euforia se transformo en decepción, que rápidamente derivo en resentimiento y rabia. Y es comprensible, se trataba de un espectáculo de nivel mundial, de un compositor reconocidísimo y talentoso, sus fans estaban decepcionados…porque eran fans, ¿cierto? No tenía na’ ver la gratuidad del concierto, la gran cantidad de gente solo era un reflejo del nivel cultural que ha alcanzado el país, una gran madurez…

Pereira fue testigo de todos estos acontecimientos, por lo que mi fuente es de primera mano. Como les contaba, la madurez cultural de la gente los llevo a organizarse, tratar de juntar firmas para un tercer concierto. En realidad ese fue un intento desesperado entre una la multitud iracunda, que paso a manifestarse de la forma más común y civilizada: haciendo destrozos. Pero somos muy desarrollados culturalmente, de eso no hay duda.

Por Cierto, a las pocas horas se estaban vendiendo entradas para Morricone en Internet, a $85.000. Creo que el gran aprecio por el artista queda demostrado en el alto precio que pedían por el ticket, otra muestra de la gran madurez cultural de nuestra sociedad.

Llego el Guanaco y los Carabineros con armaduras, todo lo cual fue captado por la cámara del corresponsal Pereira. Como verán, no se fue con las manos vacías y su experiencia le sirvió para su última aventurada, en la que estuvo junto al mismísimo Morricone.

Nos encontramos en el local de mi viejo y me contó la última parte de esta peculiar historia.

Para mi ya se había terminado todo lo relacionado al compositor italiano, pero para él estaba reservado el más peculiar y notable episodio. Si bien, ya no tenía esperanzas de ver el concierto, aún albergaba la ilusión de ver al compositor, por lo que decidió ir donde ensayaría éste junto al coro de la Universidad de Chile: la Iglesia a San Francisco.

Amontonado entre los periodistas vio como llego, algo tímido, saludando cordialmente a los presentes, que no pasaban de treinta personas.

Por la presencia de los fanáticos, aunque eran pocos como para levantar suspicacias, carabineros improviso un cerco de seguridad para impedir que quienes llegaron entraran a la iglesia. Pero Pereira como corresponsal con experiencia en escenarios beligerantes, no fue detenido por los Carabineros e ingreso junto con la prensa. Cuando fue interrogado por un oficial, que le pregunto “¿Tu quien eres?”, respondió lo que para ese entonces ya era una absoluta verdad: “Periodista”.

De esta forma se codeo con las atractivas reporteras de los noticieros y los pelusones camarógrafos, uno de los cuales decidió cantar el avemaría por la apertura de la llave de la puerta que los separaba del coro y Morricone, simplemente para molestar a quienes practicaban.

Y como todo final de película acción, tenía que haber accidentes y heridos.

Cuando ya terminaba el ensayo, un fuerte sonido llamo la atención de todos los periodistas, incluido Pereira. Afuera de la iglesia, fue atropellado un desafortunado transeúnte, por un mercedes compresor según aseguro mi fuente. El accidente, fue suficiente para que todos los profesionales de la información corrieran a ver el mal logrado cuerpo que yacía en el suelo, olvidándose del hasta entonces centro de toda la atención cultural del país. Fue abandonado para cubrir la desgracia de una persona sin nombre, un desconocido. Creo que no podía tener mejor final la historia (los conciertos no son el final, ya que pasaron a ser datos anecdóticos de la llegada de Morricone).

 


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