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Badfish
Diciembre 18, 2007, 11:18 pm
Archivado en: sobredosis

En una mesa redonda nos sentamos a conversar, comer y tomar. La circunferencia permitió se formara un ambiente de cercanía, y ayudados por unas cuantas copas de vino, la invitada de honor en estas ocasiones, que es la labia de cada comensal, da rienda suelta a todos sus ímpetus y en cosa de segundos el escenario se transforma, viajamos en una mágica mesa redonda, desde un repleto restaurante hasta una sala vacía, completamente oscura, con luz solo sobre la mesa.

 

Habitualmente no escapo del protocolo al conversar con las personas, sin ir mas allá de un frívolo intercambia de palabras. Pero frente a una mesa, con una rica comida y especialmente con la compañía adecuada (incluido el vino), entre quienes existe amistad o al menos empatía, las palabras escapan del control de la calculadora mente y dejan que los sentimientos soplen por las cuerdas vocales, transformando los habituales inaudibles susurros en palabras, dando vida a una rica conversación.

 

Al poco rato de estar sentados, y pese a tantas palabras que he derramado, no lo entiendo bien, quienes estaban sentados junto a mí comenzaron a hablar sobre sus recuerdos, experiencias, afectos. Los más viejos (aproximadamente el doble de mi edad, yo tengo 23 primaveras) se emocionaban recordando familiares, a sus padres, pero principalmente a ellos mismos, cuando pertenecían al grupo etario en el que yo estoy. Después de escucharlos, me quedo claro que lo único asimilable son los sentimientos, ya que sus experiencias concretas y opiniones en general, no se parecen en nada a las mías, pero al ser tan honestos ellos, no pude evitar sentir empatía.

 

Pero tanta sinceridad, al ser todos diferentes y, particularmente, yo tan poco tolerante con algunas cosas, no permitió que terminara de la mejor forma la velada. Soy demasiado orgulloso a veces y porfiado siempre, no pude dejar pasar la situación; la noche termino con un silencio incomodo y una pequeña discusión más personalizada a la salida. Este último pleito fue el peor, no hablábamos el mismo idioma, no pudimos comunicarnos, pese a que lo intentamos de buena fe durante 10 minutos. Simplemente nos despedimos y partimos en direcciones opuestas.

 

Y no tengo idea cuando se puede hablar trasparentemente, ya que no se trata de veracidad, sino que ciertas cosas, las que más necesito comunicar, son las que siempre guardo. Tengo muchos hermanos, excelentes amigos y amigas, pero aún así no encuentro con quien hablar de esto. Lo he intentado pero no me a funcionado, han sido intentos mediocres. En parte pienso que no se deben compartir ciertas cosas, si resulta imposible es por algo. Aunque en este blog siempre escribo algo de lo que no quiero hablar, como este post completo.

 

Y aunque las palabras nuevamente están siendo insuficientes y mi ayuda en esta ocasión no es precisa, es lo más cercano que encontre… Badfish de Sublime.


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