No..no quiero…no me gusta…¿y que voy a hacer yo ahí?…ya, ¿pero puedo invitar a alguien?
Alguien, ¿quieres ir conmigo?…ya, piola, así por último voy con una persona de confianza.
¿Como?…pero…bueno…que lata que no puedas…
En esas pequeñas frases puedo resumir el peculiar y algo tormentoso preámbulo a la salida de ayer jueves. Complicado, con mi cabeza llena de prejuicios, no fue una decisión fácil; Cuando finalmente mi mente se ordeno un poco y forme un juicio que creí seria el definitivo, cambiaron los factores que me llevaron a elegir una opción. A solo horas del evento que tantas dudas me generaba asistir, mi acompañante, quien me incentivo a ir, ese alguien de confianza, por factores exógenos por llamarlos de alguna forma, me aviso que no podría acompañarme.
Para ser sinceros, no iba solo, era un grupo numeroso. El buscar compañía era para saber que seriamos dos personas en aquel multitudinario concierto, que de no habernos regalado las entradas, por ningún motivo hubiésemos estado en ese lugar.
¿En que lugar? en el estadio nacional; ¿Quien se presentaba? Daddy Yankee…¿Tengo que seguir explicando mis dudas? Creo que no, es muy probable que quien lea esto sea tan prejuicioso como yo. En lo que voy a ocupar algunas líneas más, es en explicar lo que a continuación voy a afirmar: la pase bien!
En el ticket se leía que el espectáculo comenzaría a las nueve. Llegamos a las nueve y cuarto aproximadamente, por lo que no pudimos apreciar cuanta gente se había reunido, casi todos estaban dentro ya. Aunque como dije, tarde íbamos, aún en los controles se concentraban personas para entrar, la mayoría en el primero, una pequeña y única puerta habilitada para tales efectos.
El llegar tarde fue agradable, esquivamos las multitudes; pero en gran medida fue agradable porque no íbamos donde estaba el grueso del público: Las entradas que nos regalaron (digo “nos” porque fue un regalo de mi tío para mis hermanos) eran para el sector vip, que era una pequeña área que estaba junto al escenario y que separaba a este de la cancha general. Un espacio cómodo, la gente no se aplastaba, salvo la que estaba pegada al escenario, pero creo que es precisamente lo que buscaban.
Participamos en esta entretenida ocasión: Catalina, Pablo, Martín, Benjamín, Mirko, Michele, Paula, Don Vito y Coni. Los cuatro primeros son mis hermanos; yo me dedique al cuidado particular de Martín, niñito de solo siete años. Los demás están algo mas grandes, no necesitaban tanta atención.
Un ambiente grato, interrumpido solo por las continuas persecuciones que protagonizaban los guardias, que corrían tras aquellos que saltaban la reja para ingresar al sector vip. Fuera de eso, todo bien.
Dentro de lo que más me sorprendió fue la gente… la mayoría, era absolutamente normal. Uno de los principales prejuicios, encontrar personas demasiado peculiares, como los reggaetoneros de la televisión. Me equivoque, aunque habían de esos también, no llamaban la atención de forma especial. Otra cosa que me sorprendió, fue la cantidad de mujeres atractivas que asistían. Desde las bailarinas, realmente estupendas, hasta las señoritas que estaban mezcladas en el público,en general todas muy bonitas. Y rompiendo otro de mis prejuicios, con muy buen gusto para vestirse.
Había pasado algo más de una hora desde que comenzó del show, cuando el viejo Martín ya no resistía el cansancio, por lo que me fui antes de que terminara la presentación. Caminamos juntos hasta su casa, tranquilos; Él por haber bailado harto, desinhibido como siempre; Yo, caminaba tranquilo pensando lo equivocado que estaba, no fue para nada terrible, era un espectáculo bien preparado, un ambiente agradable.
La pase bien.
Cien pesos te convertían en un acaudalado. Pero aunque fuera una fortuna, había que gastarla. Impaciente, como si se tratara de una fuerza irresistible, corría al negocio, compraba dulces de un peso, de solo $1!
Era una gama amplia, yo prefería aquellos con chocolate; pelotitas cubiertas de chocolate o simplemente chocolate, sin nada más. El último era mi favorito: Unos pequeños trozos de variadas formas: algunas veces eran hexagonales, otras redondas, pero generalmente rectangulares. Aunque más bien parecían trapecios con las puntas curvas y con surcos en la parte superior. Pensar hoy en ellos como “chocolate”, es ser algo presuntuosos en cuanto a sus cualidades. Creo que más bien era una masa saborizada, pretendiendo emular al chocolate (digo masa, porque podía aplastarlos, juntar muchos y darle forma…probablemente una practica no muy higiénica, sobre todo si las manos son de un artesano de entre siete y diez años).
Han pasado muchos años, muchas historias, y con lo recorrido, he conocido el verdadero sabor del exquisito producto del cacao. He descubierto que es todo un universo: grandes, chicos, negros, cafés, rellenos, cubiertos, suntuosos, modestos, amargos, dulces, etc. Imposible probarlos todos, infinitas combinaciones, para todos los gustos.
Como consumidor, o mas bien adicto al chocolate, cuido de mis inversiones y ya no soy tan desprendido con el dinero, sino que discrimino respecto de que chocolate voy a comprar, al menos si el presupuesto lo permite. Si tuviera que elegir que chocolate es mi preferido, sin ninguna duda tendría que decir que es el amargo; alta concentración de cacao, poca leche y el azúcar ni siquiera se siente. Si además puedo elegir su procedencia, este tendría que ser artesanal, con la menos cantidad de aditivos posibles.
Pensar que un pequeño trozo de algo, que muy probablemente ni siquiera tenía cacao, sumamente básico, fue por mucho tiempo suficiente para enamorarme… Traigo tantos recuerdos a colación, porque recientemente encontré uno de esos chocolates. Fue mi primer amor, de aquellos con surcos en la parte superior. Yo no necesitaba más que aquel pequeño y bello trozo para ser feliz.
Fue una especie de coqueteo, cuando la vi. Expuesta en el mesón de aquel negocio, solamente la mire. Todos los recuerdos de mi infancia se agruparon, detuvieron el tiempo por algunos instantes. Mi curiosidad por reencontrar todos aquellos sentimientos pretéritos, me dio fuerza para acercarme y probar nuevamente aquel ya casi olvidado sabor. Obviamente fue una desilusión, lo menos que puedo decir es que me aburrió.
Quizás contribuyo con mi desilusión, un encuentro que tuve ese mismo día. A la tarde, por simple azar, pude probar del chocolate que hoy me cautiva; aunque solo fue un pequeño trozo, probar aquel artesanal chocolate amargo, su alternativo sabor, diferente a la mayoría que abunda, fue simplemente delicioso. Y como dije, contribuyo a desmitificar mis iconos de la niñez. Solo era un bello recuerdo, en la actualidad no es suficiente.
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Estaba en la interminable fila de la caja “express” de una conocida cadena de supermercados, con cara de nada, provocada por la excitación de avanzar 10 centímetros por minuto, cuando Pereira aparece por uno de los pasillos cercanos, sonriente y caminando algo acelerado.
“Parece que vi a la Francisca! vamos a ver.”- Sentencio mi amigo. Fue suficiente estímulo para sacarme de mi letárgica espera, para seguirlo hasta donde el creyó reconocer a una amiga de hace muchos años.
Vestida completamente de negro, detrás de un mesón, concentrada en las hamburguesas que tenía en la parrilla eléctrica; como habrán adivinado, gracias a su agudo intelecto, la señorita estaba trabajando de promotora. Y la verdad, mientras caminábamos y veía su perfil, sinceramente pensé que Pereira se había equivocado. No la reconocí inmediatamente, pero tengo que justificar mi error argumentando que pasaron más de 6 años, probablemente más de 7, desde la última vez que la vi. Parado frente a ella, comprobando mi error, reconocí a la Fran.
Mi amigo, con bastante personalidad, se apresuro a llamarla por su nombre y luego saludarla. Por este lado, permanecí callado los primeros segundos, mirando quizás con que cara. Ella no me reconoció en un primer momento; paso alrededor de un minuto y yo seguía parado sin decir nada, hasta que atine a decir “¿Parece que no te acuerdas de mi?”, a lo que respondió con un “¿Nico?”. Solo asentí con la cabeza y por fin nos saludamos. Ciertamente he cambiado bastante; no hay mucha discusión en cuanto a lo físico, pero en cuanto a mis ideas y sentimientos, no se cuan diferente soy.
Aquel fortuito y muy agradable encuentro, hizo que mirara, o mejor, recordará a ese joven de 15 o 16 años, que fue reemplazado por este chascón de 23. Aunque…siendo sincero, era bastante chascón por esos tiempos, nunca he tenido mucho control sobre mi cabello, así que en eso no he cambiado, pero… ¿y todo lo demás?
Puedo asegurarles que si piensan en que estaban hace siete años, por que cosas se preocupaban, que hacían con el tiempo para entretenerse, que música escuchaban o simplemente recuerdan situaciones, lo harán con una sonrisa grande en el rostro. Yo al menos, lo hago mientras me acuerdo de cuales eran mis proyecciones para los años venideros,mis ambiciones; o cuando pienso en mis amigos y la cantidad de cosas divertidas que hacíamos, porque eso era en gran parte a lo que nos dedicábamos.
Y aunque parece que todo ha cambiado, no siento que sea tan así. Ya no ando en bicicleta para todos lados, pero eso cambió hace un par de meses solamente, cuando pinché por tercera vez consecutiva la rueda. Ahora no hay estímulo para arreglarla, ya que ando motorizado; Ya no salgo del colegio para juntarme con mis amigos, el colegio se término, como también la universidad (casi se término por completo la U, pero aún quedan algunas cosas pendientes). ¿Los amigos? los de hoy son conocidos de esos tiempos e incluso de bastante más atrás, pero por el azar o las decisiones de cada uno, han cambiado las configuraciones en cuanto a cercanía; veo algunos más que otros. Creo que fuera de mis primos, con los que somos más bien hermanos y no me imagino lejano a ellos, el único amigo que se mantiene cercano desde esos años, pese a la distancia (ya que está en Italia), es Felipe, que disculpando la expresión, mariconea casi todos los días por msn conmigo, sacándome pica sobre todo lo bello de Torino, poniendo especial énfasis en la variedad de señoritas provenientes de toda Europa, que según él se caracterizan por ser más abiertas y menos presuntuosas que las nacionales.
En fin, han pasado varios días desde que vi a la aún muy bonita Francisca, con la que no hable mucho, así que no se casi nada de lo que han sido los años para ella, salvo que tiene la misma sonrisa que antes y se ve más “adulta”, por decirlo de alguna forma. Ah! decía que han pasado varios días desde el encuentro y aún pienso en cuanto han influido todos los inviernos, primaveras, veranos y otoños…
Recuerda como eras por esos años, entre los 15 y 16, creo son los que en muchos aspectos definieron quien eres hoy en día o al menos, durante ellos, pensabas en lo que estas haciendo ahora. Te aseguro que te vas a llenar de nostalgia y de risas.